NUEVO

1 de abril de 2017

21. Dichosos son vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen

Pues sí, al pasar por el umbral de un oratorio frecuentemente muchos ya no saben ni una sola palabra de lo que había sido predicado, y con mucha prédica los oídos de los oyentes resultan nada de bienaventurados, sobre todo cuando a veces un predicador dotado de poco cariño fraternal pinta a sus oyentes el infierno tan fogoso como puede, y el camino al Cielo lo presenta sobremanera estrecho, escarpado y espinoso, con lo que finalmente a los oyentes les cuesta mucho tomar una decisión qué camino conviene tomar, pues piensan: “Aunque el infierno esté muy ardiente, el camino que lleva allí es sumamente cómodo… Pues consta que el Cielo ofrece la mayor bienaventuranza, ¿pero quién va a alcanzar el Cielo si es casi imposible proceder por semejante camino?”. Leer más...