27 de enero de 2018

Este es camino más corto al Renacimiento. Parte II

“Señor, ¡aquí estoy! Desde hace mucho tiempo te hice esperar, oh amoroso Santo Padre que me has llamado continuamente desde mi infancia, diciéndome: -¡Ven hacia Mí, Yo te consolaré!. Ahora, oh Padre, ha llegado el momento en que se ha abierto mi oído. Mi voluntad propia, hasta ahora tan terca, se ha entregado en humildad y obediencia a la tuya, y tal como Tú lo deseas, también a la de todos mis hermanos mejores que yo. Por ello, ¡ven a mí, mi amado Jesús, y fortalece mi alma enferma con el bálsamo de tu infinito Amor! ¡Haz que ante tu amargo sufrimiento y muerte descubra mi gran iniquidad! ¡Permíteme que vea tus cinco estigmas sagrados y que reconozca en ellos mi gran pecado! Oh Jesús, vencedor de la muerte y del infierno, ¡ven a mí y enséñame a entender tu Voluntad... Y enséñame mi nulidad total ante tu grandeza!
Oh, mi dulce amoroso Jesús, Señor de todos los ejércitos celestiales, ¡ven a mí, que soy pobre, débil, ciego y mudo! ¡Ven a mí que soy leproso, paralítico, abatido y poseído! Oh, mi amado Jesús, ¡ven a mí que estoy muerto, déjame tocar tu sagrado vestido, y viviré! Señor, ¡no tardes, porque tengo gran necesidad de ti! No puedo continuar sin ti, porque Tú eres todo para mí y todo lo demás se ha desvanecido por amor hacia ti. Sin ti no puedo seguir viviendo. Por eso, Jesús, ¡ven pronto! Pero ahora como siempre, ¡hágase sólo tu Voluntad! Amén”. Leer más...